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Mujeres centroamericanas hacen comunidad sobre dos ruedas 

Mujeres centroamericanas hacen comunidad sobre dos ruedas 

En Centroamérica dos colectivas enseñan a las mujeres a andar en bicicleta, crear comunidad y hacer uso del espacio público. CICLA28 en El Salvador y la Bici Escuela en Costa Rica, son dos colectivos que usan este medio de transporte para las mujeres, como una forma de acompañarse, de recuperar autonomía, libertad y el espacio que habitan.

Las mujeres históricamente han sido alejadas de la bicicleta, ya sea por razones de género o económicas, sumado a ello las ciudades no han sido pensadas para la seguridad de las personas ciclistas, y las mujeres enfrentan situaciones de acoso y violencia. 

Por Reiny Ponce

En El Salvador, Xenia Barrera, fundadora de CICLA28, recuerda como coincidir con sus compañeras, Jessica González y Andrea Segura, en un taller de mecánica básica sobre bicicleta y el hecho de enterarse que mujeres adultas no habían aprendido el uso de la misma cuando eran niñas, las unió para construir la primera escuela en San Salvador.

“Nos motivó el hecho de pensar que podríamos ayudar a mujeres a encontrar en la bicicleta una herramienta de autonomía y que pudieran utilizarla para movilizarse en su día a día, y a través de ella fortalecer la autoestima de las mujeres en el sentido de que podían darse cuenta de que son capaces de aprender cualquier deporte. Crear un espacio de mujeres nos ha permitido entender que acompañarnos es mejor que competir entre nosotras.”, comparte Xenia. 

Con el lema “vamos a nuestro ritmo” realizan prácticas de cuidado colectivo cuando pedalean junto a otras mujeres, se acompañan, salen y regresan juntas. En sus escuelas enseñan a pedalear, mecánica básica, pero también abordan temas sobre la historia de las mujeres y bicicleta, de género, el cambio climático relacionado a los cuerpos de las mujeres, salud física y mental. Además reflexionan sobre por qué no aprendieron o compraron una bicicleta. 

Las calles y otros espacios públicos históricamente han sido negados a las mujeres pero para CICLA28 apropiarse de ellas “es una forma de decir que las calles también son nuestras, existimos y tenemos derechos”, comenta Xenia.

Las mujeres se movilizan en diferentes tipos de transporte entre ellos la bicicleta, el estudio “Género y transporte: San Salvador” del Banco Interamericano de Desarrollo, muestra los datos de una encuesta realizada en el Área Metropolitana de San Salvador que reveló que las mujeres tenían una tasa de movilidad del 94,7%, el 19,17% usaba bicicleta. Las mujeres se movilizan por las ciudades, por los territorios, en gran parte por las labores de cuidado, el uso de la bicicleta es un medio alternativo, económico, que puede prevenir la violencia.

Del 17 al 20 de septiembre, En El Salvador se desarrolló el Foro Mundial de la Bicicleta, donde Xenia junto a sus compañeras encontraron experiencias compartidas sobre temas como la inseguridad, el acoso, la falta de infraestructura. Ante ello, explica que en Centroamérica se necesita mantener una infraestructura segura, de respeto a las personas bici usuarias y, sobre todo, espacios libres de violencia y acoso para las mujeres. 

En el libro “Movilidad ciclista y género. Un análisis feminista interseccional”, se plantea que el urbanismo feminista plantea que históricamente los espacios se han diseñado siguiendo y perpetuando los roles de género pero que el feminismo ha cuestionado la división y ha trabajado para que se reconozca que las mujeres han participado siempre de una forma u otra en la esfera pública.

Fiorella Barahona, fundadora de La Bici Escuela en Costa Rica, comparte que ha sido grato y de apoyo encontrarse con otras compañeras que también construyen comunidad con mujeres que enseñan a usar la bicicleta. 

En 2019 surge la idea de crear un espacio para enseñar a las mujeres a andar en bici pero es hasta 2022 cuando logran concretar el proyecto. Al igual que CICLA28, obtuvieron un donativo de bicicletas un espacio físico y accedieron a fondos de financiamiento que apoyaron las iniciativas y mediante ello realizar escuelas con las mujeres. La escuela está enfocada en el desarrollo de habilidades físicas y es abierta para población diversa. 

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“Ofrecer espacios que nos junten a usar el espacio público, a usar un parque para aprender a andar, es definitivamente algo que nos motiva porque consideramos que la bicicleta da la sensación de capacidad, de seguridad. Ir acompañada es una diferencia muy grande, esa sensación de colectividad, de compañía, estar para otras personas”.

Las integrantes de La Bici Escuela, al igual que CICLA28, procuran hacer metodologías y ejercicios que les permitan a las personas ir al propio ritmo. “La bicicleta nos conecta con nuestro cuerpo, con las capacidades, con la alegría y la sensación de descubrir la propia fuerza. Me da mucha satisfacción encontrar algo que se pueda compartir. Ha sido muy hermoso conocer experiencias de chicas que se acercan a aprender a andar desde cero y luego encontrarlas en la marcha del 8M o movilizándose por San José. Hay vínculos que quedan a partir de estos encuentros que abrimos”.

Para Fiorella es muy inspirador “que haya otra gente que tiene visiones similares, compartidas, que cree también en un mundo que sea más justo, más solidario, más cuidadoso de la tierra, de la vida en general y eso me resulta muy esperanzador”

Tanto Fiorella como Xenia no solo comparten sus conocimientos a otras mujeres, a través de sus escuelas también tejen redes, avanzan juntas, acompañadas, crean espacios de confianza, aprenden juntas y crean prácticas de autocuidado colectivo. Moverse en bicicleta en la ciudad es apropiarse del espacio, volver a la relación con el cuerpo y el territorio.

CICLA28 tiene una red de mujeres ciclistas en la que pueden formar parte todas las mujeres que tengan bicicleta. Las pueden encontrar en redes sociales como CICLA28.

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