Su historia está ligada a la atención y creación de oportunidades para mujeres migrantes en Extremadura, España. Desde la asociación que encabeza, la periodista nicaragüense Maryórit Guevara impulsa proyectos en educación, emprendimiento y desarrollo comunitario, con la misión de acompañar, conectar y fortalecer a las nicaragüenses y mujeres latinoamericanas.
Artículo 66 y La Sala, Mujeres en la Redacción
Cuando Maryórit Guevara salió de Nicaragua el 24 de diciembre de 2018, en vísperas de Navidad, llevaba consigo a su hijo de cuatro años. La decisión no fue fácil. En un contexto de violencia estatal, la periodista dejó su país. Las amenazas contra ella y su familia escalaban y su vida, al igual que la de su entorno más próximo, corría riesgo.
Maryórit, periodista y feminista nicaragüense, cuenta con una amplia trayectoria en medios nacionales. Trabajó en La Prensa, Hoy, El Nuevo Diario y fue colaboradora de Artículo 66, en este último espacio fue la imagen más visible del segmento La Tajona, una sátira política que a través de datos evidenciaba la corrupción del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en plenas protestas sociales.
Las amenazas contra Guevara llegaron a incluir advertencias de quemar su casa, violarla y matarla junto a su hijo. El 6 de enero de 2019 llegó a España, pero el exilio no significó el fin de las dificultades. Acogida por dos amigas al principio, después pasó al programa de apoyo para personas refugiadas, donde permaneció durante ocho meses en un hostal y posteriormente en un centro de acogida.
«El trato que nos daban era un trato deshumanizante, era un trato indigno», recuerda.
Su lucha contra la estigmatización
La estigmatización contra las personas migrantes era constante. Las propias estructuras de acogida orientaban hacia empleos precarizados y principalmente en labores domésticas, de cuidados o en el campo, ignorando el perfil profesional.
Esa realidad se acrecienta en países como España donde la falta de documentación y la burocracia orientan a los migrantes a empleos informales que carecen de contratos laborales y protección a los trabajadores y trabajadoras a través de la afiliación a la seguridad social. Estas barreras bloquean la posibilidad de acceso a una vivienda digna, ya que sin estabilidad tampoco se consigue un acuerdo de alquiler.

«Yo decía que era periodista, que podía trabajar y hablaba de las diferentes labores que yo podía ejercer desde mi formación», relata, pero sus reflexiones eran omitidas.
En marzo de 2019, una semana antes del confinamiento por la pandemia del COVID-19, Guevara salió del centro de acogida. Logró tener un apartamento para ella y su hijo. Su experiencia la empujó a fundar su propio medio de comunicación y a estructurar, en pensamiento, un proyecto en apoyo a mujeres migrantes.
Crear para sobrevivir al desarraigo
El 1 de marzo de 2019 nació La Lupa, un medio digital nicaragüense que con el pasar de los meses se especializó en presentar informaciones con perspectiva de género. «Crear La Lupa fue una forma de sobrevivir a ese duelo que yo sentía por haber abandonado Nicaragua», explica.
El periodismo le permitió mantenerse vinculada con su país y, al mismo tiempo, continuar ejerciendo una profesión que forma parte de su identidad.
«Yo le agradezco a La Lupa, la verdad. Esos días de cabanga, de tristeza, de duelo, de dolor, del desarraigo, porque me ayudó a llevar ese proceso, a no caer en depresión».
Pero requería aterrizar en su nuevo entorno y ese impulso terminó convirtiéndose en la creación de una organización.
De las reuniones informales a Las Migrantas
Durante sus primeros años en Extremadura, Maryórit comenzó a reunirse con otras mujeres migrantes. Primero fueron encuentros informales, conversaciones, reuniones, movilizaciones por el 8 de marzo —Día Internacional de la Mujer—o el 25 de noviembre —Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer—. Fueron sus primeros pasos para conformar una asociación que en la actualidad sirve de plataforma para apoyar a decenas de migrantes.
En 2020 ya existen fotografías del grupo marchando el 8M con el nombre del Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura, agrupación que en marzo de 2021 vería la luz tras ser formalmente registrada como asociación.

Durante dos años trabajaron sin contar con un espacio físico propio. Fue en marzo de 2023 cuando Maryórit tomó la decisión de establecer una sede.
«Si no buscamos un local, pues nunca íbamos a arrancar», pensó.
Había ahorrado dinero con su medio La Lupa y colaboraciones con organizaciones feministas en España. Su control de las finanzas le permitió prestar fondos iniciales al Movimiento para cubrir los primeros tres meses de alquiler.
Desde entonces, el Movimiento de Mujeres Migrantes de Extremadura, conocido también como Las Migrantas, amplió sus programas, su capacidad de atención, garantizó un empleo digno a colaboradores y hasta logró la contratación de abogadas y psicólogas.
Hoy la organización acompaña a mujeres migrantes, incluidas víctimas de violencia de género, trabajadoras del hogar y de cuidados, además de niños y jóvenes. La organización ofrece orientación y acompañamiento jurídico, apoyo psicológico y emocional, orientación laboral, formación y acompañamiento en procesos de regularización.

En 2026, entre sus principales líneas de trabajo están la prevención y atención de la violencia contra las mujeres y el programa XF «Regularizar es Dignificar», dirigido a personas migrantes en situación administrativa irregular.
En el primer semestre de 2026, desde la asociación orientaron a personas que necesitan información y apoyo para comprender los trámites, requisitos y alternativas disponibles para aplicar al proceso de regularización administrativa extraordinaria de personas migrantes en España. Por día, atendieron hasta 100 migrantes de diversas nacionalidades.

«Nos ha llenado no solo de orgullo, sino que nos ha dado muchas energías positivas. La regularización nos encontró con una sede, con oficinas, con técnicas empleadas para poder atender a la población que lo ameritaba para intentar que nadie se quede sin sus papeles», enfatiza Guevara, fundadora y presidenta del Movimiento.
Maryórit insiste en que el crecimiento de Las Migrantas no puede atribuirse únicamente a ella.
«Esta asociación no la he creado solo yo. Hemos sido todas las que hemos estado en el recorrido en estos ocho casi años que ya tenemos, aún cuando tenemos apenas casi cuatro de tener una sede», afirma.


La estructura también se ha profesionalizado. Actualmente, cuenta con personal técnico, una abogada, una psicóloga y un grupo de doce voluntarias que participan en los distintos programas.
Ese trabajo lo reconocen las autoridades locales, que las ubican entre la lista de las primeras organizaciones que respaldan el trabajo por la inclusión y migraciones. Desde 2023, Maryórit calcula que han atendido por año a más de 1,200 mujeres.
«Trabajamos en un programa que se llama “Voces Legítimas: Experiencias de la niñez migrante y refugiada”, porque en este territorio hasta ahora no hay estudios concretos que digan qué pasa con las infancias migrantes y refugiadas en Extremadura y lo que viven en la escuela (…) Solo ahí hemos trabajado con 150 niños menores de 18 años», destaca entre los logros.
Y es así como aquellos primeros meses difíciles en España se transformaron en una plataforma de apoyo para las mujeres migrantes. La asociación se sostiene a través de subvenciones.

Una organización construida desde la experiencia
La experiencia de Maryórit marcó el origen y orienta el trabajo de Las Migrantas. Vivir el desplazamiento sin redes de apoyo, empezar de cero en un sistema desconocido y buscar la manera de proteger a su familia fueron algunas de las razones que la impulsaron a crear esta iniciativa.
«El desarraigo es horrible. El no sentirte ni de aquí ni de allá es espantoso. Es como una situación en la que quedás en un limbo entre un país y el otro», lamenta.

A pesar de ello, Maryórit mantiene intacto su vínculo con Nicaragua. Dice que continúa sintiéndose nicaragüense y que no descarta regresar si algún día existen condiciones democráticas.
«Yo también quisiera estar cuando vuelva la democracia a Nicaragua», aunque se muestra consciente que su anhelo puede tardar en concretarse.
Pero su regreso no dependería únicamente de sus deseos. Su hijo, ahora adolescente, también pesa en cualquier decisión sobre el futuro.
Maryórit sabe que volver significaría evaluar nuevamente la seguridad, las oportunidades y, sobre todo, el futuro de su hijo.
Mientras tanto, continúa construyendo desde España. Su apuesta para 2026 es conseguir los recursos necesarios para ampliar el trabajo de Las Migrantas y abrir una segunda sede en otra provincia de Extremadura.

La mujer que llegó a España huyendo de las amenazas terminó creando una red para acompañar a otras mujeres que, como ella, tuvieron que empezar de cero.
No lo presenta como una historia de éxito individual, es una construcción colectiva nacida del exilio, pero también de la necesidad de no quedarse inmóvil frente a él.
*Este reportaje ha sido producido en el marco de la beca de producción periodística La Sala: Mujeres en la Redacción, con el financiamiento de Vikes (Fundación Finlandesa para los Medios y el Desarrollo), una iniciativa que busca fortalecer el periodismo independiente, crítico y de investigación, así como promover la participación, el liderazgo y la proyección de las mujeres periodistas, mediante acciones de influencia e impacto que contribuyan a visibilizar y posicionar sus voces como referentes del periodismo, la investigación y la opinión pública.
