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La apuesta de Luisa Fernanda López Monzón por una generación de niñas que sí se imaginen científicas

La apuesta de Luisa Fernanda López Monzón por una generación de niñas que sí se imaginen científicas

¿Qué pasa cuando una joven decide no solo abrirse camino en la ciencia, sino también asegurarse de que otras puedan hacerlo? Desde Guatemala, Luisa Fernanda López Monzón convirtió su trayectoria en una apuesta colectiva: acercar la ciencia a niñas y jóvenes. Esta es la historia de cómo una experiencia personal puede transformarse en oportunidad para muchas más.

Desde sus primeros pasos en olimpiadas científicas en Guatemala hasta su formación actual en Biología y Antropología en la Universidad de Pensilvania (EE. UU.) Luisa ha construido una trayectoria marcada por la curiosidad, la disciplina y el compromiso social. 

Creció en la Ciudad de Guatemala en una familia de abogados, en un entorno donde se discutían constantemente problemáticas sociales. Sin embargo, desde joven sentía cierta frustración ante la subjetividad de estas discusiones, ya que buscaba respuestas más concretas y objetivas.

Aunque cada vez más mujeres acceden a la educación superior y representan cerca del 35 % de las graduadas en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) a nivel global y hasta un 41 % en América Latina, su presencia disminuye en el ámbito laboral y en espacios de liderazgo científico (UNESCO, 2026), desde esa perspectiva acercar a la ciencia a niñas y jóvenes que pocas veces se ven reflejadas en ella fue el punto de partida de Femiciencia, la iniciativa que impulsa Luisa.

¿Cómo nace Femiciencialatam y qué te motivó personalmente a impulsar desde Guatemala?

Femiciencialatam surge a partir de un proceso personal de descubrimiento y de la identificación de vacíos en el acceso a la educación científica. Crecí en un entorno donde las opciones profesionales parecían limitadas a ciertas áreas, y no fue sino hasta mi participación en programas educativos y olimpiadas científicas que descubrí la existencia de carreras en ciencia.

Mi participación en iniciativas internacionales, especialmente en programas en México dirigidos a mujeres en ciencia, me permitió conocer espacios donde se promovía activamente la participación femenina en áreas científicas. Estas experiencias fueron transformadoras, ya que me mostraron el impacto que tiene el acceso a referentes y a oportunidades educativas.

Sin embargo, también evidenciaron una brecha importante: la falta de este tipo de iniciativas en Guatemala. Esta situación se hizo aún más evidente al interactuar con niñas y niños de comunidades con acceso limitado a educación científica, especialmente durante la pandemia, donde muchas escuelas redujeron su enseñanza a áreas básicas.

A partir de estas experiencias, surge la idea de crear un espacio que acercará la ciencia a niñas y jóvenes, comenzando con pequeños talleres y actividades comunitarias. Así nace Femiciencialatam, con el objetivo de sembrar interés por la ciencia y brindar herramientas de empoderamiento.

Actualmente, la organización busca no solo acercar la ciencia, sino también promover una visión más inclusiva, reconociendo la diversidad de contextos en América Latina y la importancia de validar distintos tipos de conocimiento, incluyendo los saberes ancestrales.

¿Qué tipo de actividades realizan para acercar a niñas y jóvenes a las carreras científicas?

Femiciencialatam desarrolla diversas actividades tanto a nivel virtual como presencial. A nivel digital, cuentan con una comunidad de voluntarias de distintos países de América Latina que organizan talleres, charlas y programas formativos dirigidos a jóvenes.

Entre estas actividades se incluyen espacios de formación en habilidades técnicas y también en liderazgo, comunicación y trabajo en equipo, reconociendo que la formación integral es clave para el desarrollo profesional.

Asimismo, realizan charlas y encuentros con mujeres referentes en distintas áreas científicas, lo cual permite a las participantes visualizar diferentes trayectorias y posibilidades dentro de estos campos.

En el ámbito presencial, han organizado congresos, talleres interactivos y actividades educativas en comunidades. Estas incluyen experiencias prácticas que buscan hacer la ciencia más accesible y atractiva, como experimentos, introducción a tecnologías y dinámicas lúdicas.

Una de las iniciativas más significativas son las visitas a comunidades fuera de la capital, donde combinan actividades de empoderamiento con enseñanza científica, procurando incluir referentes locales, especialmente mujeres indígenas, para generar mayor identificación y pertinencia cultural.

¿Hubo alguna experiencia en tu vida que te hizo darte cuenta de la necesidad de visibilizar a las niñas en la ciencia?

Sí, una de las reflexiones más importantes surgió a partir de una idea sencilla, pero profunda: una niña no puede aspirar a ser algo que no sabe que existe. Esta falta de referentes es una de las principales barreras para la participación de mujeres en la ciencia.

Además, al conocer más sobre la historia de la ciencia, se hace evidente que muchas mujeres han sido invisibilizadas a lo largo del tiempo, a pesar de sus contribuciones. Este fenómeno ha limitado el reconocimiento de su trabajo y ha reducido la cantidad de modelos a seguir para nuevas generaciones.

También experiencias personales, como participar en espacios académicos donde la presencia femenina era mínima, reforzaron esta percepción. Estas vivencias evidencian que la brecha de género sigue siendo una realidad.

Por ello, visibilizar a las mujeres en la ciencia no solo implica reconocer sus aportes históricos, sino también crear referentes actuales que permitan a niñas y jóvenes identificarse y proyectarse en estos campos.

¿Qué cambios te gustaría ver en Guatemala en relación con la participación de niñas en la ciencia?

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Uno de los cambios más importantes sería una mayor inversión en la educación científica en Guatemala, tanto en infraestructura como en programas de formación. Actualmente, el acceso a carreras científicas es limitado y se concentra principalmente en la capital, lo que excluye a muchas personas del interior del país.

Según la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), en Guatemala las mujeres que buscan desarrollarse en áreas STEM enfrentan diversas limitaciones. Por ejemplo, únicamente el 22 % de las mujeres se gradúa en carreras relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, mientras que el 78 % opta por áreas no vinculadas a estos campos.

También es fundamental fortalecer las oportunidades laborales para profesionales en ciencia, ya que muchas veces dedicarse a estas áreas implica migrar, lo cual no siempre es una opción accesible para todos.

Asimismo, considero necesario incorporar en la educación la visibilización de mujeres científicas guatemaltecas, porque, la falta de referentes limita las aspiraciones de niñas y jóvenes.

En general, se requiere un cambio estructural que valore la ciencia como un pilar del desarrollo nacional y que promueva la equidad en el acceso a estas oportunidades.

En el marco del 22 de abril, ¿qué mensaje le darías a las niñas de Guatemala interesadas en la ciencia?

A las niñas y jóvenes guatemaltecas les diría que la ciencia también es un espacio para ellas, y que no existe una única forma de ser científica. Cada persona puede construir su propio camino sin renunciar a su identidad, sus gustos o su cultura.

Es importante cuestionar los estereotipos que limitan la participación de las mujeres y entender qué intereses como la moda, el arte o cualquier otra expresión personal no son incompatibles con la ciencia.

Asimismo, es fundamental reconocer que su contexto no define sus posibilidades. Aunque existen barreras, también hay oportunidades de transformar los espacios y generar cambios.

Finalmente, les animaría a explorar, a cuestionar y a confiar en sus capacidades, recordándoles que su perspectiva es valiosa y necesaria para construir una ciencia más diversa e inclusiva.

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