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Más allá de la cancha: salud mental de mujeres con discapacidad 

Más allá de la cancha: salud mental de mujeres con discapacidad 

El baloncesto en silla de ruedas irrumpe en la vida de algunas mujeres como un acto de resistencia. En la cancha, los cuerpos no piden permiso: avanzan, giran, chocan, compiten, caen y vuelven a levantarse. Cada movimiento desafía a una sociedad que insiste en mirar a la discapacidad desde la carencia.

  • Redacción: Reiny Ponce.
  • Fotografía: Lisbeth Ayala.
  • Coordinación y edición: Gabriela Paz, Revista Miradas Moradas y Metzi Rosales Martel, Alharaca.

Para Katia, Flor y Melani, integrantes del equipo de la Selección Femenina de Baloncesto en Sillas de Ruedas de El Salvador, el deporte se convirtió en una herramienta para reconstruir su bienestar emocional. Sus historias se cruzan en un mismo punto: el baloncesto transformó la manera en que se ven a sí mismas. Fortaleció su autoestima, su autoconfianza e independencia, y también les abrió la puerta a logros deportivos que antes parecían lejanos.

Pero sus trayectorias no han sido fáciles. Como muchas mujeres con discapacidad, crecieron atravesadas por el rechazo, el “acoso”, el aislamiento y la sobreprotección. En una sociedad capacitista, con pocos espacios de recreación y escasas oportunidades, aprender a habitar el mundo también implica aprender a resistir.

El sonido de las ruedas sobre la cancha anuncia mucho más que un entrenamiento. Para Katia Juárez, Flor Aguilar y Melani Zevala cada giro, cada pase, cada rebote y cada caída forman parte de un proceso profundo de reconstrucción personal.

La Selección Femenina de Baloncesto en Silla de Ruedas nació del esfuerzo de ocho mujeres pioneras: Janeth Chávez, Morena Escalante, Marleny Chávez Figueroa, Lilian Chávez Figueroa, Deisy Bernal, Ana Miriam López, Zuleyma Celaya y Jeni Chinchilla. Janeth recuerda que este deporte adaptado abrió un camino que antes no existía. No solo para jugar baloncesto, sino para que más mujeres con discapacidad se atrevieran a participar en otras disciplinas.

“El haber fundado el equipo nos ayudó a ampliar nuestras visiones sobre lo que queríamos en nuestra vida”, dice Janeth. “Hemos dejado a las nuevas generaciones un espacio para lograr sueños. Es importante que se abran espacios para que las personas se sientan bien simplemente por practicar un deporte y eso les ayude en su salud mental”.

Para Georgina Flores, atleta del Comité Paraolímpico, el deporte también construye sentido. “Representar a tu país, ganar una medalla, sentir ese logro… es un sentimiento increíble. Te ayuda a sentirte igual de importante que una atleta convencional”.

Las investigaciones y estudios consultados para este reportaje coinciden en algo esencial: el deporte puede convertirse en un proyecto de vida para las mujeres con discapacidad. Más allá de las medallas, abre horizontes y fortalece la identidad personal. La psicóloga Lineth Ramírez explica que la práctica deportiva ayuda a construir metas, reconocerse capaces y resignificar el propio cuerpo. Desde 1960, mujeres con discapacidad han elegido este camino y han llegado a podios paralímpicos, demostrando que la historia también se escribe desde estos cuerpos.

El baloncesto en silla de ruedas conserva las reglas básicas del baloncesto convencional, con adaptaciones vinculadas a la movilidad y el contacto. Las sillas, diseñadas específicamente para competir, son ligeras y tienen ruedas inclinadas que facilitan giros rápidos y cambios de dirección. La cancha mide lo mismo, el balón es idéntico y los partidos se juegan en cuatro cuartos de diez minutos.

Parte del equipo de la selección femenina posa durante un entrenamiento en la cancha de la Vía Olímpica.

Actualmente, la Selección está integrada por diez jugadoras: Flor Aguilar, Aydee Domínguez, Rebeca Duarte, Yasmín Martínez, Marleny Chávez, Blanca Sigüenza, Katia Juárez, Andrea Batres, Melani Zavala, Ana Altamirano.

Cuando el deporte se vuelve refugio

En el baloncesto sobre silla de ruedas no solo se entrena el cuerpo. También se entrena la mente. Las jugadoras fortalecen su salud mental, sanan heridas emocionales y desafían un entorno que históricamente las ha excluido.

En sociedades donde los espacios no están adaptados, muchas personas con discapacidad experimentan acoso, tristeza y aislamiento. 

Por eso, Lineth Ramírez subraya la importancia de crear entornos seguros e inclusivos: acompañamiento psicológico continuo, equipos técnicos capacitados y una cultura deportiva que priorice el bienestar emocional, además del rendimiento.

Katia, Flor y Melani coinciden en que  el deporte les permitió reconocerse capaces y volver a confiar, en sus cuerpos y en ellas mismas.

Katia comenzó a practicar deportes a los nueve años por recomendación médica. Fue diagnosticada con espina bífida. La natación fue su primer acercamiento al ejercicio. Más tarde llegó el baloncesto. Hoy, con 21 años, es seleccionada nacional y afirma que este deporte transformó su autoestima: “El baloncesto me ayudó a sentirme acogida, adaptada, parte de algo. Aquí nadie te juzga”.

La confianza no apareció de una vez. Se entrenó, igual que los pases y los tiros. El reconocimiento de sus compañeras, el acompañamiento del equipo técnico y los pequeños logros diarios fueron construyendo una imagen propia más amable. 

Según el Censo de Población y Vivienda 2024 del Banco Central de Reserva, en El Salvador, el 4.9 % de la población vive con alguna discapacidad. Del total de personas con discapacidad registradas  en el país, el 8.5 % corresponde a mujeres entre 15 y 34 años. Detrás de esa cifra hay historias como las de Katia, Flor y Melani: vidas marcadas por la falta de accesibilidad y la búsqueda constante de espacios seguros.

Katia (camiseta blanca) dice que la discapacidad “está en la mente”.

Flor, empezó a jugar desde los nueve años. Aunque no usa silla de ruedas de forma permanente, el proceso de adaptación estuvo lleno de miedo. Durante años la acompañó el temor al qué dirán. Compartir la cancha con otras mujeres con discapacidad le permitió resignificar su experiencia. “Aquí entendí que no tenía que esconderme”, dice. Sentirse aceptada fue el primer paso para empezar a confiar en sí misma.

De acuerdo con el Análisis sobre las personas con discapacidad en El Salvador, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas El Salvador (UNFPA) y por Consejo Nacional para la Inclusión de Personas con Discapacidad (CONAIPD), casi la mitad de los hogares salvadoreños convive con al menos una persona con alguna limitación funcional. Sin embargo, la discriminación y el aislamiento siguen siendo experiencias comunes, como lo vivieron Flor y Katia desde niñas.

Flor comparte que el deporte fue una herramienta para mejorar su salud mental.

Para Melani, el baloncesto significó algo más profundo. Su discapacidad fue adquirida tras un accidente en 2023. El cambio abrupto, el uso de la silla de ruedas y el aislamiento posterior la hicieron sentirse excluida y sin propósito. El deporte apareció como una válvula de escape. “Cuando entreno, me olvido de todo. Solo pienso en la pelota y en ayudar a mis compañeras. Regreso a casa cansada, pero feliz”.  

A pesar de que el país registra un aumento en las consultas de salud mental, los informes oficiales del Instituto Nacional de Salud no detallan si las personas con discapacidad reciben atención diferenciada. Para las jugadoras, el deporte ha llenado un vacío que las instituciones aún no logran cubrir.

Para Melani (camiseta rosada) en el baloncesto encontró más que un deporte, encontró una red, independencia y salud mental.

Ese sentimiento de pertenencia se repite en las tres historias. En la cancha, la discapacidad deja de ser una barrera y se convierte en un punto de encuentro. El deporte les ha ayudado a manejar la ansiedad, el enojo y la frustración, emociones frecuentes tanto en la vida diaria como en la competencia. También ha fortalecido su autoestima, independencia y redes de apoyo.

De acuerdo con el estudio “La motivación del deporte adaptado”, publicado en 2017 por los investigadores  Miguel Ángel Torralba, Mónica Braz y María José Rubio, las principales razones para practicar deporte están relacionadas con la salud, la autoestima y la necesidad de “descargar” o liberar tensiones.

La psicóloga Jenni Chinchilla, quien también es parte de las fundadoras del equipo, afirma que el deporte “es algo que contribuye no solamente a la inclusión como ser humano en la sociedad, sino que mejora en la salud mental. Es una herramienta que contribuye al cuidado. Las mujeres con discapacidad podemos desarrollar una autoestima sana, una salud mental sana, canalizar las emociones si desde niñas practicamos un deporte, ya sea por recreación o competición”.

Un deporte invisible, una lucha constante

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en el artículo 30, numeral 5, literal “a”, establece que los Estados deben garantizar su participación en actividades deportivas. Sin embargo, en la práctica, el deporte adaptado sigue siendo poco visible.

Las tres jugadoras coinciden en que la sociedad aún privilegia el deporte convencional, especialmente el masculino, relegando a un segundo plano a las mujeres con discapacidad.

“Las instituciones deberían crear más redes de apoyo y hablar directamente con las mujeres con discapacidad sobre la existencia del deporte paralímpico”, afirma Georgina Flores, atleta del Comité Paraolímpico.

Flor señala que el reconocimiento es desigual. Katia agrega que, aunque ha habido avances, aún falta empatía, inversión y formación especializada.

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Entre junio y agosto de 2025, cada jugadora recibió un incentivo de 350 dólares, además de un fondo de 10,000 dólares para el equipo, destinado a uniformes, traslados y equipamiento, según datos proporcionados por la Asociación Salvadoreña de Baloncesto en Silla de Ruedas, luego de solicitarle esta información al Instituto Nacional de los Deportes (INDES).

Rafael Quintanilla, presidente de esta asociación, señala que los incentivos dependen del rendimiento deportivo, lo que deja fuera a muchas atletas que aún están en proceso de formación. “La asociación lo que hace es hacer gestiones con INDES para que por medio de los logros de ellas, puedan recibir un incentivo, por decirlo así económico, porque eso es lo que pasó este año (2025), recibieron un incentivo económico del Programa Esfuerzo y Gloria”.

A través de una solicitud de acceso a la información pública, realizada en octubre de 2025, se pidieron estadísticas actualizadas sobre personas con discapacidad, participación de mujeres con discapacidad en actividades deportivas o recreativas y políticas impulsadas por el CONAIPD para promover el deporte. Sin embargo, no se obtuvo respuesta. Esta solicitud se presentó antes de la disolución del CONAIPD.

Asimismo, en octubre de 2025 se solicitó al Ministerio de Salud información sobre personas con discapacidad motriz y el presupuesto asignado a salud mental. Hasta el cierre de este texto, dicha institución tampoco había respondido a la petición

Construir confianza desde lo colectivo

La salud mental no se fortalece únicamente desde lo individual. En un entorno que muchas veces empuja a las mujeres con discapacidad al aislamiento, el equipo se convierte en una comunidad. En la cancha, las jugadoras dependen unas de otras: se pasan el balón, se cubren, se animan y construyen colectividad.

Un estudio de la Revista Iberoamericana de Psicología del Ejercicio y el Deporte manifiesta que la actividad físico-deportiva ha mostrado ser un potente instrumento para el incremento de la socialización en aquellas personas con problemas de movilidad, encontrando que un bajo nivel de actividad se relaciona con niveles bajos de participación social y salud.

Katia aprendió a confiar en las demás y a que las demás confiaran en ella. Flor destaca que el apoyo va más allá del juego: si una está mal, las otras lo notan.

La selección femenina ha logrado destacar en importantes participaciones internacionales.

Melani encontró en el equipo una red que también le enseñó a ser más independiente: cómo movilizarse, cómo viajar, cómo desenvolverse en actividades cotidianas.

Según un artículo de la Revista en Psicología Aplicada al Deporte y al Ejercicio Físico los deportes por equipo dan una sensación de seguridad, pertenencia, mejora la autoestima, el autoconcepto y previenen  padecimientos de salud mental como la depresión y ansiedad al crear un entorno seguro y de escucha.

Para ellas, el baloncesto no solo trajo disciplina deportiva, sino un lugar al que pertenecer. 

“La adolescente o una mujer con discapacidad que tiene la oportunidad de participar, va a lograr muchas cosas, una red de apoyo porque va a tener amistades, ya sea en un deporte de equipo o deporte individual, va a tener otras colegas, entrenadores, gente asociada al deporte y también se va a dar a conocer porque de pronto hay una competencia o sale en una noticia”, explica la psicóloga Jenni Chinchilla.

Las historias de Katia, Flor y Melani muestran que el deporte es una herramienta concreta para fortalecer la salud mental de las mujeres con discapacidad. A través del movimiento, la colectividad y el reconocimiento mutuo, la cancha se convierte en un espacio de cuidado emocional.

Más allá de la competencia, cada entrenamiento es un acto de reconstrucción interna. En cada pase, cada esfuerzo y cada risa compartida, reafirman algo fundamental: no están solas, son capaces y pertenecen.

*Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de ¡Exprésate! en América Latina.

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