Las mujeres en la zona de Guarjila están liderando una transformación del uso de la tierra y la agricultura a partir de utilizar insumos orgánicos, una apuesta política por la soberanía alimentaria y la sostenibilidad y protección del suelo.
La historia de Blanca refleja el trabajo y el cuidado de la tierra que desde hace años realizan las mujeres organizadas en la comunidad de Guarjila, donde a partir del cultivo de huertos familiares generan alimento, medicina pero también vida.
Por Reiny Ponce
Son las 6 de la mañana y los gallos aún están cantando en el cantón Guarjila. Toda la comunidad los escucha, la mayoría de las personas los tienen como animales de crianza. A esa hora la luz del sol ya salió y es la hora exacta en la que se levanta Blanca Cruz, una mujer agricultora de 43 años, quien se describe como alegre, participativa, que le gusta sembrar semillas y cuidar su huerto.
Blanca vive en una casa grande, rodeada de árboles y otras casas, en Guarjila, una comunidad rural, ubicada en el departamento de Chalatenango, en la zona norte de El Salvador.
En este lugar, Blanca trabaja la tierra, sus manos nacieron para sembrar “todo lo que siembro se pega y crece […] lo que más me gusta es ponerme a llenar vasitos o panitas de tierra y ponerme a sembrar”, comenta con alegría. Ella tiene un huerto en su casa que lo ocupa para sembrar alimentos y plantas medicinales. Aprendió a cultivar hace más de 18 años cuando se fundó la Escuela Agroecológica Juanita, de la cual es integrante.
“Siempre nos ha gustado tener el huertecito porque así uno no anda viendo qué comprar y también porque en la casa uno sabe cómo lo riega, qué clase de abono le echa, porque nosotros solo con la misma tierra abonamos, con el mismo bocashi, esa tierra ya va lista para que este sea un buen cultivo. No es mucho lo que andamos comprando porque aunque sea solo de monte hacemos la sopa”.

“La tierra nos da la vida”, dice Blanca, quien reconoce que hay que cuidarla sembrando árboles, no quemándola y cultivando. Su casa es un lugar donde florece la vida diariamente. Está rodeada de plantas, cultivos y trinos. Todas las mañanas dedica una hora para regar las flores que adornan su casa, las plantas medicinales y los alimentos que consumen.
Blanca cuenta que prepara la tierra para sembrar, ya que en su casa hay mucho barro y este la consume, por ello tienden a sembrar más en guacales y cumbos. Ella realiza un proceso de preparación que dura entre 6 meses y un año. Cuando está lista la coloca en algunos espacios de su casa, en recipientes y es ahí donde siembra.
“En la casa preparamos la tierra, con eso hacemos las eras y sembramos, y vamos cambiando la tierra porque como el barro siempre se la come. Con la tierra preparamos el bozal, este es con burril de caballo, le echamos hojarasca, granza y también echamos gallinaza y melaza. Usamos cal, ceniza para el bocashi, esto lleva más tiempo porque lleva cosas calientes y hay que esperar que se descomponga todo para ocupar la tierrita. El bocashi es más que todo usado como abono”.

Para qué las plantas y los alimentos crezcan sanos, Blanca elabora abono y repelente orgánico para no dañar los alimentos, y utiliza algunas plantas entre sus cultivos para que no les llegue alguna plaga. “También hacemos foliar para fumigar y que no lleguen las plagas. A modo que todo sea natural, que no lleve químico. Usamos ajo para fumigar porque es el más fácil, uno lo hace el mismo ratito y al mismo ratito se fumiga. También lo hacemos mezclando el ajo, la cebolla y el chile fuerte. Al chile fuerte también le podemos echar este una copadita de alcohol para que mate las plagas”.
Así como Blanca, un 23% de las Unidades de la Producción Agropecuaria están bajo la titularidad de las mujeres, indica el V Censo de Agropecuario y de Pesca del BCR (2025).
Durante el año, en la era, un espacio cerrado hecho con vara de bambú, tronco o tabla, siembra rábanos, lechuga, cebollines, cilantro, mora, chipilín, albahaca, altamisa, ruda, tilo, cúrcuma, apio, remolacha, zanahoria, fresa, menta, hierba limón, entre otras plantas. Todos estos cultivos alivian la economía familiar porque lo que cosecha lo ocupa para preparar comidas y sopas, pero también comparte los alimentos con otras personas. Las semillas que obtiene también las comparte con las mujeres de su comunidad.

Pero Blanca también siembra saberes, en sus plantas hay medicina natural. “Algunas son medicinales que sirven para la tos, otras para bañarse cuando tiene gripe o fiebre y otras para tomar té cuando uno está mal del estómago”.
| Planta | Malestar o enfermedad |
| Limón, cebolla, jengibre | Tos |
| Sábila | Raspón, picadura de animal |
| Guayabo, Orégano, jengibre | Dolor de estómago |
| Hierba menta o hierba limón, albahaca, jengibre | Dolor o infección en la garganta |
| Tilo | Insomnio |
| Baños con hojas de mango, marañón, guayabo, aguacate, hierba limón, menta y ajos | Covid-19 |
| Moringa | Mala circulación |
| Ruda | “Mal de ojo” |
| Nopal | Gastritis |
La tabla muestra algunas de las plantas medicinales que usa blanca cuando alguna persona de su familia está enferma.
Blanca relata que en el tiempo de la pandemia por Covid-19 no asistieron a hospitales ni clínicas, sino que hicieron sus propias medicinas con plantas que tenían en la casa. “El covid nos cayó bien fuerte. Hacíamos ajo y cebolla, y de todos los montes y los tomábamos. Para bañarnos hacíamos grandes olladas de hojas de mango, marañón, guayabo, aguacate, hierba limón, menta y le echábamos tres ajos y sí nos sirvió”.
La casa de Blanca es el reflejo de cada una de las casas de la comunidad de Guarjila donde las mujeres siembran, cuidan y cultivan la tierra donde no solo nacen alimentos sino esperanza de vida, memoria.
Mujeres que comparten semillas, comida y saberes
Blanca es miembra de la Escuela Agrológica Juanita, espacio fundado hace más de 18 años. El nombre fue elegido por las mujeres participantes para honrar el trabajo de Juana Morales, una lideresa comunitaria que ha organizado a las mujeres en Guarjila desde que repoblaron la comunidad en 1987 y ha trabajado por su autonomía y derechos.
Este proyecto inició con la organización de 5 mujeres de la comunidad quienes comenzaron a trabajar por una alimentación saludable, por la soberanía y seguridad alimentaria a partir de la creación de huertos familiares. En este espacio fue donde Blanca aprendió a cultivar y donde creció su amor por el cuido de la tierra.
El V Censo de Agropecuario y de Pesca del Banco Central de Reserva (2025) muestra que en Chalatenango las mujeres lideran la transición a la agroecología y los huertos familiares, además que destacan en la producción de granos básicos (maíz y frijol) bajo un modelo de subsistencia. Las estadísticas muestran que el 43.1% de las mujeres trabaja la Avicultura, un 14.% la ganadería y un 12.0% la apicultura (cifra en crecimiento en la zona alta de Chalatenango).

Actualmente, 30 mujeres forman parte de esta escuela donde aprenden a sembrar, comparten semillas para sembrar en sus casas y realizan actividades de convivencia. Cuando pusieron en marcha el proyecto una organización les donó cebollines, cúrcuma y semillas. Unas a otras se motivaron para hacer los huertos en sus casas.
“El CCR los apoyó dándolos unos plantines, no eran muchos, porque como éramos varias mujeres. Nos dieron cinco cabecitas de cebollín, cinco parritas de chile y cinco parritas de tomate y una semilla de rábano y con eso nosotros teníamos que ir sacando semillas”, dice Blanca.

Lo que cada mujer siembra sirve para el alimento de todas y para compartir. Ellas hacen las comidas verdes que es la elaboración de alimentos con diferentes tipos de plantas como la chaya, moringa y las pupusas de sabores en colores con remolacha, rábano, moringa y otras donde cada una aporta de lo que cultiva.
También realizan otras actividades para el cuidado de la tierra “hay que ayudarle al medio ambiente para que esté bonito. Con las mujeres ya hemos hecho campañas de ir a sembrar más de 100 árboles en un cerro. Y en el patio de la casa le echamos hojarasca y palitos para la sombra”, explica Blanca.
Las participantes de la Escuela Agroecológica Juanita reciben formaciones como la elaboración de insecticidas y abonos orgánicos, elaboración de condimentos naturales, refrescos naturales. Estos procesos se realizan para que las familias tengan una vida más saludable por medio de la alimentación, la educación y la formación.
Organizaciones sociales como la Coordinadora de Comunidades para el Desarrollo y Repoblaciones de Chalatenango (CCR) les han apoyado con las formaciones en procesos como la creación de huertos, también con la entrega de semillas para que siembren y recientemente la Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria (PROVIDA) remodeló la Placita San Ignacio donde se reúnen cada 15 días. Este lugar queda a pocos metros de la casa de Blanca. Ahora está pavimentado y techado para los días de lluvia y está rodeado de dos ceibas y otros árboles y en el fondo una imagen de San Ignacio. Allí se reúnen las mujeres para compartir sus saberes sobre la siembra, se cuentan historias, comparten semillas y vida.
