Now Reading
Las abuelas que sostienen la vida

Las abuelas que sostienen la vida

En las comunidades, las mujeres mayores han sido curanderas, cuidadoras y guardianas de la memoria colectiva. La historia de Doña Marí, en Guatemala, muestra cómo su trabajo invisible sostiene la vida y a las nuevas generaciones.

En silencio, muchas abuelas han alimentado generaciones, acompañado enfermedades, transmitido saberes y resguardado la memoria de los pueblos. Su trabajo —paciente, constante y casi siempre invisible— ha sido una de las bases que mantiene unidas a las familias y a las comunidades.

En los últimos años, las agendas de derechos humanos han comenzado a nombrar esta realidad a través del derecho al cuidado, una propuesta que reconoce que todas las personas tienen derecho a cuidar, a ser cuidadas y al autocuidado. Este enfoque también señala algo que durante décadas fue ignorado: gran parte del cuidado que sostiene la vida ha recaído en las mujeres, especialmente en las mujeres mayores, sin reconocimiento social, económico o político.

De esta reflexión surge también la idea de avanzar hacia sociedades del cuidado, modelos en los que el bienestar colectivo, la corresponsabilidad y la sostenibilidad de la vida se colocan en el centro de las decisiones sociales y políticas. Sin embargo, mucho antes de que estos conceptos aparecieran en políticas públicas o debates académicos, ya existían mujeres que practicaban el cuidado como forma de vida y de resistencia.

Una de ellas es Doña Marí, conocida en su comunidad como Ya Luk —“abuela” en idioma Tz’utujil— y en castellano como Lucrecia. A través de su vida, sus palabras y sus experiencias cotidianas de cuidado, se revela la fuerza de las mujeres mayores que, generación tras generación, han sostenido a sus familias y comunidades. Porque las abuelas no solo cuidan: organizan, acompañan, curan, transmiten conocimientos y mantienen viva la esperanza colectiva. La vida de Doña Marí es una de esas historias.

Doña Mari luciendo su traje típico

Cuando mira hacia atrás en su vida, ¿en qué momento siente que comenzó a cargar sobre sus hombros la responsabilidad de sostener a otros?

Hace más de 35 años comenzó este camino de cuidar y acompañar a otras personas. Además de ser madre y abuela, también soy curandera, por lo que desde hace mucho tiempo he tenido la responsabilidad de velar por la salud y el bienestar de mi familia y de la comunidad. Con el paso de los años he visto crecer a muchos niños y niñas que hoy ya son jóvenes o adultos, y cuando me encuentran en la calle me saludan con cariño diciéndome “Lii”, que significa Abuela en el idioma Tz’utujil. Para mí eso es una señal de respeto y también de todo el tiempo que he dedicado a cuidar y orientar a las nuevas generaciones. 

Un momento muy especial fue cuando nació mi primera nieta, hace 21 años. Desde ese momento sentí con más fuerza la responsabilidad de ser abuela. Mi nuera, mamá primeriza y, como es nuestra costumbre en la familia y en la comunidad, yo la apoyé mucho en el cuidado de la bebé. Cuando mi nuera tenía que ir a trabajar, yo me quedaba con paciencia y cariño. Estuve presente en muchas de sus primeras etapas (Refiriendose a la nieta): la acompañé cuando empezó a gatear, cuando dijo sus primeras palabras y cuando comenzó a descubrir el mundo a su alrededor. Con el paso del tiempo la familia fue creciendo y ahora tengo 12 nietos. A todos los he cuidado en diferentes momentos de su vida. Muchas veces sus padres tenían que trabajar o salir, y yo me quedaba con ellos para acompañarlos, alimentarlos y velar por su bienestar. También, como soy curandera, cuando alguno se enfermaba yo misma los curaba y los atendía con los conocimientos que he aprendido y que vienen de nuestras tradiciones. Para mi cuidar a mis nietos no solo ha sido una responsabilidad, sino también una forma de transmitirles cariño, valores, idioma y nuestras costumbres. Cada uno de ellos ha sido parte importante de mi vida y de ese camino de cuidar y sostener a mi familia.

¿Recuerda una escena concreta —un día, una situación— en la que entendió que cuidar sería parte central de su destino?

Sí, recuerdo un momento muy claro en mi vida en el que comprendí que el cuidado sería una parte central de mi destino, y fue cuando mis propias nietas, siendo tan pequeñas, me cuidaron a mí. 

Yo tengo siete hijos y tres hijas, con el paso del tiempo, cuatro de mis hijos hombres y una de mi hija se casaron, y cada uno formó su hogar muy cerca de nuestra casa, aproximadamente a una cuadra, por lo que siempre hemos vivido como una familia muy unida. La hija que vive conmigo en la casa tiene cuatro hermosas niñas, mis nietas, que siempre han llenado el hogar de vida y alegría. Pero en un momento de mi vida ocurrió algo muy doloroso e inesperado: perdí a tres de mis hijos, esa pérdida fue muy fuerte para mi como madre, caí en una profunda tristeza y desesperación; sentía que mi vida ya no tenía sentido. Había días en los que solo podía llorar, porque el dolor era demasiado grande. En medio de ese momento tan difícil, mis nietas comenzaron a acercarse a mí de una manera muy especial. Aunque eran pequeñas cosas, tenían una forma muy dulce de acompañarme. Cada vez que me veía llorar, llegaban conmigo y me decían que querían que fuera con ellas a la tienda o que me sentara a platicar con ellas. A veces me llevaban dibujos que hacían para mí, otras veces simplemente se sentaban a mi lado para hacerme reír o contarme cosas de su día. 

Por eso siento que ellas me salvaron, en ese momento comprendí: así como yo he dedicado mi vida a cuidar a mis hijos, nietos y otras personas de la comunidad, el cuidado también puede regresar a uno en los momentos más difíciles. 

Si su vida fuera un tejido, ¿qué hilos representan el cuidado?

Sí mi vida fuera un tejido, como los huipiles y rebozos con jaspeado que hago, diría que los hilos del cuidado son mi familia, mis nietos y nietas y el conocimiento que he aprendido a lo largo de los años. Cuando uno teje, cada hilo tiene su lugar y su tiempo y poco a poco se van formando el diseño, así siento que ha sido mi vida. 

Doña Mari acompañada de tres, de sus doce nietos

¿Cómo aprendió a curar, cocinar, acompañar, aconsejar o sostener emocionalmente a otros?

Mi papá me enseñó el conocimiento de ser curandera y de él aprendí a ayudar y cuidar a las personas cuando están enfermas, de mi mamá aprendí a tejer y a bordar, trabajos que requieren paciencia y dedicación, estos saberes han sido muy importantes en mi vida. Con el tiempo fui entendiendo lo emocional, en muchas cosas las he aprendido a través de la vida porque antes a nosotros no nos enseñaban sobre los sentimientos; nadie preguntaba cómo nos sentíamos, ahora me doy cuenta de que cuando aconsejo a mis hijas, las abrazo y trato de guiarlas, también estoy aprendiendo y construyendo otra forma de acompañarla. Poco a poco uno va aprendiendo que el cariño, la escucha y el apoyo también son partes del cuidado. 

¿Qué siente cuando alguien practica algo que usted enseñó?

Me siento orgullosa de que muchos de los conocimientos que he transmitido se sigan practicando en mi familia, ver que lo que he enseñado no se pierde, sino que continúa en las nuevas generaciones, me llena de alegría. Veo a mis nietas jugar a ser comadronas o curanderas y esos son los juegos que más les gustan, me emociona ver cómo, a través del juego, ellas también se van acercando a esos saberes. Para mí es muy importante que ellas puedan aprender y conocer estas prácticas, para que estos conocimiento y tradiciones no se pierdan y sigan viviendo en nuestra familia y comunidad. 

See Also

¿Cree que el conocimiento de las abuelas ha sido respetado o minimizado? ¿Por qué?

Sí, el conocimiento de las abuelas ha sido minimizado, porque ahora muchas personas piensan que solo el conocimiento que viene de los libros o de los hospitales es el que vale. Sin embargo, los saberes de las abuelas vienen de muchos años de experiencia, de observar la vida, la naturaleza y de cuidar a las personas en la familia y en la comunidad. 

Cuando escucha hablar del 8 de marzo, ¿siente que su historia también forma parte de esa lucha?

Sí, porque como muchas mujeres he dedicado gran parte de mi vida a cuidar, trabajar y sostener a mi familia, muchas veces ese trabajo no se ve o no se reconoce, pero es muy importante para que las familias y las comunidades sigan adelante. 

Cuando escucho hablar del 8 de marzo, pienso en todas las mujeres que han luchado por ser escuchadas, respetadas y valoradas, también pienso en las abuelas, las madres y las mujeres de nuestras comunidades que, con su trabajo, su sabiduría y su esfuerzo han aportado mucho, aunque muchas veces no se reconozca. Por eso siento que mi historia, como la de muchas otras mujeres, también es parte de esa lucha, porque hemos trabajado, hemos cuidado y hemos transmitido conocimiento para que las nuevas generaciones puedan vivir mejor y con más oportunidades. 

¿Qué significa para usted sostener la vida?

Cuidar, acompañar y estar presente para los demás. 

© 2025 Miradas Moradas. Todos los derechos reservados.

Scroll To Top